jueves, 29 de abril de 2010

A tientas por la vida


Se despierta casi de madrugada, cuando todavía el sol no ha hecho aparición, con el fin de señalar a todas las gentes que un nuevo día esta llegando, y que hay que trabajarlo.
Él no tiene prisa, vive en su mundo, y eso le da veda abierta para tomarse el tiempo como le venga en gana porque total... nadie le espera allá tras la puerta roja de metal.
Medio desaliñado, comienza a desincrustar sus frágiles huesos uno por uno y despegándolos de las ásperas sábanas que lo arroparon durante la noche tan fría. Y cuando parece ser que su escuálido cuerpo comienza a tener una forma un tanto más agradable... dentro de lo que cabe esperar... se le esboza una sonrisa y a uno de sus compañeros se la regala junto con un
-buenos días¡¡¡¡.
Después, coge su arrugado jersey de lana con un agujero bastante grande en una manga y se dispone a ponérselo. No se apura en que se lo vean los demás, pues los que son pobres no tienen tiempo ni para eso y tras ello cogió el pantalón vaquero marrón oscuro y se lo puso lo mas rápidamente. Se calzó sus sandalias y bajó a los baños.
Frente al espejo hubo un momento de silencio, como casi siempre, y una mirada reflejada en aquel marco reflectante que mostraba la figura de quien se estaba mirando... ese era él.
Por un momento comenzaron a atizarle por la cabeza pensamientos pasados de lo que no fue pero pudo haber sido, y eso era algo que le martirizaba siempre. Por ello, lejos de querer permanecer así por mas tiempo, abrió el grifo de agua fría, cogió sus manos ennegridas por la mugre y las llenó de ese agua cristalina para estampársela en su cara y así aullentar a aquellas ánimas que no hacían más que hundirle muchisimo. Pues él siempre hubiese querido ser ministro, abogado, policía o alguna profesión de las que daban popularidad a las personas, y lo único que consiguió fue transformarse en tan poco tiempo en un mísero mendigo.
De su bolsa sacó una pequeña bandejita de mantequilla, supuestamente robada del comedor del otro día, la puso al lado del lavabo, la abrió y seguidamente con los dos dedos tomo un trozo de esa grasa animal y como quien no quiere la cosa, comenzo a pasársela por todo el cuero cabelludo hasta hacer una especie de fijador del pelo... a mi parecer algo bastante repugnante pero que visto en su persona le hacía tener un pelo bastante brillante y firme... ahora entiendo porque se le acercaban todos los pájaros a picotearle su cabeza...
Sonó la señal de que todo aquél que estuviera en las dependencias tendría que dejarlas en menos de tres minutos... pero a él le sobraban por lo menos dos.
Cogió su petate y salio al vestíbulo... otra vez lloviendo, se dijo a sí mismo... y con las mismas, abrió un destartalado paraguas que encontraría en algún basurero y comenzo a andar por las calles de Badajoz. Había comenzado su andadura para ver si a la hora de la comida podría tener un trozo de pan que llevarse a la boca por lo menos.
Era curioso pues casi siempre que el señor, muy amablemente, le instaba a la persona para que le hiciera el favor de darle una pequeña aportación para comer y dicha instancia era denegada, se lo llevaban los demonios diciendo: jodidos drogatas, nos están rompiendo el negocio... Y es que él había sido de todo, desde que su mujer e hijos lo abandonaran por sus continuas adicciones al alcohol y por tanto la mala vida que les daba a su familia.
Siempre se atribuyó las culpas y eso le honra pero ahora va de buena gente, no tiene trabajo como la mayoría, y lo único que puede y sabe hacer es pedir por las calles.
Un día, de camino a algún caserón abandonado donde pudiera guarecerse del frío, cabizbajo y el semblante triste porque nadie le había echado una mano, se encontró con la figura de un animal que parecía ser un perro. Un perro que estaba el doble de escuálido que él y que parecía haber sufrido maltrato físico por algunos gamberros sin sentimiento alguno.
Le acercó un trozo de pan envuelto en papel de plata y el perro aun reacio, se fue acercando poco a poco hasta alcanzarlo y así pedir la mano de el señor para que le acariciase.
-Lo llamare pulgoso, aunque se que no es muy ideal pero me gusta ese nombre. Le puso una cuerda de tender la ropa sobre el cuello y comenzó a formar parte de la familia del señor.
En ese momento la sonrisa del mendigo se tornó mucho más brillante y esperanzadora al fin, puesto que hasta hacia pocas horas, había estado penando y mal viviendo solo y ahora al menos, ya tenía un compañero, pues a veces es mejor tener un animal a tu lado que alguién que se transforma en un animal con el tiempo. Comenzó a sentirse persona... comenzó a sentirse un señor.
Un señor que antaño quizá lo tuviera todo, un señor que seria la envidia de cuantos lo adoraban o aclamaban, un señor lleno de gentes que le querían... pero que hoy por hoy es un señor con un perro escuálido como él, y que va a tientas... por la vida

martes, 27 de abril de 2010

Aroma de olvido


Por la mañana muy temprano, ella mantenía la sonrisa bien puesta en su cara, con el fin de que ni el más fino brillante rayo de sol que osara entrar por entre la ventana de su habitación, le eclipsara parte de su gran belleza.
Y es que Cori, que así le llamaban las damiselas del pueblo, era de una belleza natural bastante increíble, y muy pocas veces se veía algo así por aquellos lugares.
Cuando salía a hacer algún mandado de la señora Cipriana, iba despidiendo a cada paso que daba, un olor a jazmines con toques de hierba recién cortada, que a la mayoría de las personas, sobre todo chicos, que se encontraban muy cercanos a ella, se quedaban obnubilados ante tal cuadro y lienzos tan perfectos, por así decirlo.
Cori, era la sobrina de una jornalera y de un pastor muy humildes de aquella zona de la sierra extremeña, y desde muy pequeña, por designios de Dios, hizo que llenara de alegría la chabola de sus dos tíos en lugar de la de sus padres biológicos, que sufrieron grandes atrocidades y murieron a manos de unos vándalos con ansias de hacer daño.
Al margen de ello, la chiquilla creció como cualquier otra niña de su edad, llena de todo el amor que le podían profesar sus padres adoptivos, es decir, sus tíos, y a medida que iba haciéndose algo mayor, éstos le fueron inculcando los valores esenciales para que en días venideros, pudiera comportarse como una señorita de bien, como se decía en aquella época.
No fue muy lista, pues tampoco los reales que entraban en aquella casa daban para gozar de la mejor educación posible y lo poco que ella supo, fue enseñado por las manos y bocas de sus tíos, por lo que las cuatro reglas principales si que las tenía bastante dominadas.
Cori, sabía más del campo, de como ordeñar vacas y ovejas, de cuando la leche se fermentaba para transformarla en quesos, sabía de que tipo de hierbas debían comer ciertos animales para enriquecer así su leche... pero a pesar de tener conocimiento de estos términos tan sumamente toscos para una señorita, su belleza y humildad hacía que todo pareciese nada a su alrededor.
Una mañana, muy temprano, Cori iba con un cántaro en la cabeza de camino a la fuente del pueblo a por agua fresca, ya que su tío tenia que aviarse para salir de pastoreo y en casa se había acabado.
Bajando la calle empedrada hasta la fuente no había nadie, solamente las casas cementadas, las losetas del suelo y la chica deseosa de llegar ya a su destino... cuando de pronto alzó la mirada y vio a un mozuelo que con cara y gesto bastante tímido, cogió su cubo y sin pronunciar media palabra se fue en dirección al castillo señorial del pueblo.
En los sucesivos días, Cori, estaba como tonta, como que todo le parecía encantador, hasta el panadero le metió cuatro bollos mohosos en la taleguilla y no hizo cuentas de ello... estaba enamorada¡¡
Pero apenas podía ser, pues ni tan siquiera habían hablado y aun así ella sentía un escalofrío intenso cuando por su mente se dibujaba la mirada de aquel chico con aspecto angelical y carácter tímido, y por ello decidió intentar saber quien era.
En la cena, la chica preguntó a su tío sobre quien era ese chico que solía ir a buscar agua a la fuente a la misma hora a la que iba ella. En general toda la conversación giró en torno a él a partir de la pregunta, puesto que le explicaron que era un chico muy adinerado, que nació en Francia a pesar de ser español y que estaba aquí por problema políticos en su país o algo así... cosa que nunca entendió Cori y tampoco hizo ningún ademán por querer entenderlo. Sus padres estaban viviendo aquí por miedo a volver a su país, o eso decían las malas lenguas, y por ello se estaban hospedando en el castillo señorial del pueblo, puesto que perteneció al abuelo del padre del chico. Vamos que en resumidas cuentas era un niño rico.
Al contarle esta historia a Cori, miro hacia abajo y se le desdibujo un atisbo de tristeza, puesto que si el pertenecía a una casta bastante más alta que ella, jamás querría ni tan siquiera mantener una conversación con una chica así... con una chica pobre.

Pasaron dos meses y la rutina era la de siempre, pero esta ver iba a pasar algo distinto a lo demás.
Cori, llegó antes que él a la fuente y con su cántaro metálico se dispuso a acercarlo al grifo de agua pero sus manos tan delicadas hacían que se le resbalara el recipiente, y por tanto el agua caía en todos los sitios menos en donde tenia que hacerlo.
Por detrás, comenzó a sentir un calor un tanto suave, como el que se desprende cuando estas siendo acompañada o una presencia extraña está en el mismo lugar sin que tu te des cuenta a priori. Y así es, porque alguien tomó la mano de Cori y la acerco junto al brazo de este alguien hacia el grifo apagado y una vez colocado todo, la presencia abrió el grifo y el agua caía velozmente hacia el cántaro de metal.
Se miraron, se sonrieron y se dijeron todo lo que se suele decir en estos momentos. Nunca llegaron más allá puesto que la inocencia de sus almas no les dejaban ver ese tipo de cuestiones y casi al final de la conversación, cuando el agua del cántaro ya estaba rebasándolo por completo, se sobresaltó cerrando el grifo y la imagen másculina se despidió de ella con un... mañana son las ferias del pueblo y me gustaría ir contigo, no acepto un no como respuesta, ponte lo mas guapa que puedas y te recogeré en la colina de los llorones. Se fue caminado rápido para su casa y Cori se quedo maravillada ante tal situación hasta que volvió en sí, y tan rauda y veloz igual que el chico del que todavía no sabia su nombre, despegó en una carrerilla hasta su humilde morada para hacer acopio de un bonito vestido que le sirviera para deslumbrar a tan señor lozano.
Después de la fiesta, llegó el primer beso, y después del primer beso llegaron las confidencias en días posteriores y alguna que otra discusión, pero es que así es como se forjan las mejores relaciones entre dos personas hasta llegar al amor puro.
Después de un año de complicidades varias, Cori estaba sentada en la piedra con forma de pico de águila a la espera de que su querido Saul, pues era así como se llamaba, llegara y le obsequiara con infinitos besos, caricias en el pelo y algún que otro presente que la naturaleza le ponía a sus pies.
Pero ese día no fue tan igual, no hubo presente y ni tan siquiera parecía que Saul estuviera presente a pesar de que su cuerpo si lo estaba.
Cori, abrumada, preguntó si existía algún motivo por el cual estuviera tan distante y tan poco cariñoso y la respuesta que le dio estoy seguro que era la última que ella hubiera querido escuchar, pues la dejo marcada tristemente para siempre... tenia que irse a luchar al frente en la guerra y no podía negarse.
Se juraron amor eterno, lloraron e incluso maldijeron a Dios porque tanta felicidad siempre traía consigo algo tan sumamente doloroso.
Se prometieron que jamás se olvidarían el uno del otro y que por nada del mundo dejarían de esperarse allá donde estuvieran... y al poco tiempo, el cogió su gran petate y ella tras la ventana sin abrirla demasiado, acercó su cara pálida y falta de consuelo, derramó una lágrima y con la mano abierta despidió timidamente a Saul, que montó en un carro verde y arrancó moviendose rápidamente y haciéndose mas pequeño cuanto más lejos corría y menos se escuchaba el motor.
Durante los años consecutivos, hubo mucha tinta en papel llegada a su destino y otra que no tuvo la suerte de llegar, hubo desesperación, enfermedades, desapariciones, y el cuerpo de Cori se iba transformando en una mujer mucho mas experimentada y cauta que la que años atrás dejó aquél chico tímido, tanto así, que ajena a lo que le depararía el porvenir y harta de estar esperando un imposible cedió ese amor a un comerciante de vinos que la pretendía desde hacía varios meses atrás y consiguió llevarla al altar.
Su vida era bastante acomodada y no le faltaba de nada pero cuando tenia un rato para ella sola, se sentaba en la cómoda y de entre los ovillos de lana, sacaba una caja de galletas de cartón un tanto deteriorada y de ahí extraía alguna foto que con mirada melancólica contemplaba tímidamente de su primer amor, quizá caído en la guerra tras no saber más nada de sus cartas.
El paso del tiempo, cruel y violento, hizo que la hermosa y maravillosa Cori se tornara envejecida y delirante en ocasiones, por lo que la poca familia que le quedaba, presos de la avaricia por el legado de la pareja y por tanto con ganas de pudrirse entre tantas monedas y billetes de papel, tuvieron que internarla en un hospicio para ancianos enfermos. Cori había perdido la memoria por momentos y ya no sabía ni tan siquiera quien era ella misma.

El tren de las 2.30 entraba por el anden de la estación en su momento justo y las gentes salían veloces con el fin de coger otro medio de transporte que las llevara a su lugar correspondiente.
Pero él no, puesto que a cada paso que daba, paso lento, se le iba haciendo un nudo mas fuerte en el corazón y los ojos se le cristalizaban mirando todo su alrededor... todo lo que él había pisado cuando era niño, todo lo que el había sentido y como no, su amor de siempre.
Aun le quedaba la esperanza de volver a encontrarla con vida, al menos...
Preguntó por la zona y casi nadie sabia decirle donde se encontraba pero una señora con aspecto de alcahueta le comentó que hacía unos días se llevaron a la casa de socorro a una mujer envejecida, dando gritos de desesperación y que cumplía las características de la mujer que él antes estaba describiendo a otra vecina del pueblo.
Sin más ni más salio para la casa de socorro y una vez allí, le mandaron ir al hospicio para señores mayores enfermos.
El pobre hombre temía por lo que se iba a encontrar, y estuvo esperando cuatro minutos... los cuatro minutos que más largos se le hicieron al viejo Saul hasta que por allí, en una silla de ruedas y con una señora de cofia blanca se venían acercando a paso ligero.
A la altura del señor Saul esa mujer con aspecto moribundo se le quedó mirando. Él se agachó para poderle dar un beso y en ese momento ella le poso su mano en la cara... olía a perfume de señor de bien y eso a ella le gustaba mucho. Le pregunto al mismo tiempo que quien era ese buen mozo que venía a verla. Él se maravilló porque muy poco quedó de aquel buen mozo, pero no solo por ello sino más bien porque daba la sensación de que no se acordaba de él, lo cual podría ser normal llevando tanto tiempo sin verse después de sus amargas despedidas.
Siguió tocándole la cara y el pelo mientras él la tomó del brazo y le dijo: soy yo, no me reconoces??, soy Saul¡¡.
Ella entonces empujó de muy mala forma a ese señor y dirigiendo su mirada a él le dijo a la señora con la cofia blanca: por favor lléveme de nuevo a mi habitación porque este que tengo aquí enfrente, es decir, tú...¡¡¡¡ tú no eres mi amado al que yo quise esperar toda la vida, al que yo prometí que jamás olvidaría... tu no eres quien yo quiero. Vámonos de aqui¡¡¡¡ Y entre sollozos delirantes, se fueron desapareciendo del lugar.
Saul salió cabizbajo del hospicio, aun a sabiendas de lo que se encontraría allá pero es que jamás pudo pensar que al irse tanto tiempo, todo su mundo se inundara de un aroma a veces cruel, que te rompe en dos... a un aroma de olvido.

domingo, 25 de abril de 2010

Un banco


Un banco, solitario, con aspecto oxidado de no haberse usado en años y cuyos atisbos de pose fueron las telarañas y las larvas de algunos gusanos y que hasta hace poco fue el testigo principal de cuantas y cuantas historias de aquellos que se atrevían a sentar sus posaderas y dejarlas descansar un tiempo no muy corto.
En la mañana del día 25 de Abril, Marina se disponía a salir temprano, a eso de las 8 de la mañana, y con pie ligero cogía el atajo más rápido que le llevara hasta aquel paraje apartado con un trono, según ella, en el medio.
Siempre era la misma tónica, se sacaba un pañuelo beige de su manga, lo estiraba todo lo posible y lo ponía a modo de cojín encima de mi lomo férreo oxidado. Seguidamente sacaba de su bolso un libro bastante grueso y comenzaba a plasmar sus ojos en él, sin importarle lo que hubiese a su alrededor en esos momentos, que para ella eran de evasión total. Hasta el punto que un día le intentaron robar el bolso y de hecho se lo llevaron junto con todas sus pertenencias... menudo cuadro fue aquél día.
Como cuadro, su vida, ya que esta chica fue la niña mimada de toda su familia hasta que comenzó a meterse en historias raras y la dejaron como imposible, por lo que se tuvo que unir a los únicos que jamás le regañarían, castigarían o incluso pegarían; que son sus libros.
Es una lectora empedernida, y te sabría decir todos los títulos de literatura española que me regalaba con su voz... ayyy si es que me siento tan afortunado siendo un banco...
Un día hizo algo que me pareció un tanto raro... y es que era bastante tarde, ya que la noche cubrió con su manto oscuro a la ciudad y parecía despejada, apenas había estrellas, y Marina, estaba sentada sobre mi lomo de hierro, llorando a moco tendido, desconsolada y sin ánimo de mucho más.
No me faltaron ganas para preguntarle el motivo de sus lágrimas y de sus sollozos tan tristes, pero en mis circunstancias no seria ni medio normal, siendo un banco, y hasta donde yo tengo entendido... los bancos no hablamos ni matamos de un susto a cualquiera... así es que obvie la posibilidad vislumbrando que no me enteraría jamás de lo que a esta chica le pasaría. Pero fue un craso error, porque con un movimiento firme y rápido se puso de pie y mirando al cielo oscuro desdibujó desde sus labios unas palabras que sonaban titubeantes en su boca, algo así como... te echo tanto de menos, necesito que estés conmigo, porque te fuiste y me dejaste sola de espíritu, me dejaste nada...
Eso fue lo último que escuché de esa preciosa mujerzuela, ya que pasaron varios días y meses y por allí solo solían aparecerse parejas en edad de mocearse y de conocerse en toda la plenitud que implica esa palabra, y yo hacía las veces de burdel improvisado con cama y todo.
Pero una tarde, soleada, vi como la figura de dos señoras de aspecto elegante y de elefantes, pues todo hay que decirlo, muy dichas en esto del cotilleo se disponían a que yo les sujetase sus enormes y orondos culos, y maldita sea la hora, pero así fue... casi dos horas aguantando insultos del lugar, de las gentes que formaban su barrio y lo que más me interesaba... de mi visitadora mas carismática y alegre de todas... de Marina.
Pues sabes que a la hija de doña Alfonsina se la han llevado a un internado para gente loca?... ayyy hija mía si eso era ya comidilla en todas las reuniones y se veía venir, estaba loca desde siempre, desde muy pequeña y esas cosas no se curan así como así, y por eso donde mejor podría estar es internada... que una loca suelta por el pueblo debe de ser muy peligroso, quita quita.
En ese momento, me dio lástima el no ser materia viva para estamparle mis 15 kilos de hierro en toda la cabeza a esas dos tipejas, pero como no me podía lamentar de lo imposible, solo sentí un escalofrío bastante fuerte debido a que mi amiga, la que sollozaba tanto por alguien, la que se enfadaba porque la habían abandonado... se estaba refiriendo a sí misma, a que sus adicciones le habían arrebatado la persona que antes era y que ya jamás volvería ni aun internándola en un sanatorio.
Un banco, a lo lejos ya oxidado, y que si de verdad pudieran hablar... la de cosas que descubrirían

viernes, 23 de abril de 2010

En blanco


Hoy no tengo ganas de subirme al mundo... es como que estoy un tanto dejado, o eso me parece a mi al menos.
Mi mente se ha bloqueado como cuando por un descuido un tanto torpe te olvidas tu código pin y no eres capaz de encender el teléfono móvil... pues en mi caso es lo mismo... no soy capaz de encender mi mente.
Es que si comparamos este blog con la vida de uno, es bastante complicado, puesto que originariamente es un regalo que se te concede, y esta virgen, pulcro, sin malicia alguna ni contratiempos. Y en esa blancura tan desmesurada debes empezar a llenarla toda entera de tus historias, tus alegrías, tus penas que son muchas y todo lo que se te pueda venir a la cabeza que creas que pueda al menos a los ojos del lector resultarle interesante antes del primer punto y aparte... para que así, éste no lo transforme en punto y final y a otra cosa mariposa.
Estoy en blanco, como al principio de esta página, y parece que las ideas que se me pasan por la cabeza no son tan buenas como para plasmarlas aquí, puesto que no son del todo alegres y ni tan siquiera sé si las quiero publicar aun así.
Me encantaría poder llenar todo este manto blanco de cosas que puedan interesar, cosas de mi vida personal que parezca atrayente pero es todo lo contrario y suena a dárselas uno de víctima, y sin duda alguna no me gusta el planteamiento.
No es una despedida, pero tampoco sé si es un hasta luego, hasta siempre o hasta mañana, ya que quizá puede que por ciencia infusa se me desbloquee el pin y pueda concederme el gusto de seguir marcando letras hasta configurar algo legible.
En fin, voy a dejar que los vientos de la desesperación y de la incertidumbre dejen de nublar mi mente por hoy, y espero poder tener algo muy pronto... porque esto de quedarse en blanco... ya no se lleva.

martes, 20 de abril de 2010

Matriuskas


En la lejana Rusia, se avecinaban nuevos y grandes cambios para la población que a duras penas lograban subsistir a costa de los enormes impuestos que el Zar les hacia pagar por ocupar parte de sus terrenos.
En toda esta algarabía que había suscitado tal nueva manera de vivir, existía en lo alto de la colina una pequeña casa que era dueña del herrero mas grosero que cualquiera podría echarse a la cara. Muchas personas preferían ir a pedir recado a otro señor que se encontraba en la aldea de al lado, antes que mediar media palabra con ese tipejo de aspecto temible y egocéntrico a la vez.
Según las malas lenguas del poblado, se enamoró de una cortesana bastante rica que provenía de Moscú pero la poca riqueza que el herrero le podía ofrecer a una dama de tal calibre hizo que ese amor se convirtiera poco a poco en desdicha hasta llegar al odio.
También, aunque es algo fuera de lugar, por aquel entonces en las zonas más oscuras y ocultas del pueblo, se solían reunir ciertas personas que a mi juicio no eran nada normales.
Iban vestidas con túnicas largas de color morado y portaban una cruz en sus manos además de un pequeño libro de oraciones. Se sentaban alrededor de lo que parecía un pequeño templo en donde se erigía la figura de ese herrero con aspecto apático.
Me asombré muchísimo, sobre todo porque ese señor era participe de un aquelarre de brujas y magos de la época y no tenían muy buenas intenciones.
Uno de aquellos que estaban concentrados alrededor de tal espectáculo, me comentó que llevaba una imagen de la mujer de la que se enamoró perdidamente y por no estar a su altura le dio calabazas, un lazo aterciopelado corto y de color amarillo y unas tijeras puntiagudas.
Supongo que para hacer algún ritual de magia negra, yo le pregunté, y me contestó lo siguiente:
-El herrero, al verse totalmente rechazado por la esbelta y bella mujer rusa, emprendió un odio casi mortífero y esta usando un hechizo para que jamás pueda ser feliz en los días que le queden junto a la persona que ella haya elegido. Y no sería solo un daño a su persona, sino a todas y cada una de las criaturas que engendrara fruto del pseudo amor de aquel que se convirtiera en su cortesano, viviendo las hermanas separadas una de las otras por siempre.
Pasaron muchos años y ya nada más se supo de aquel hombre con ínfulas de despecho y sin ánimo de volverse a enamorar, tanto así, que murió muy solo, víctima de su soledad y de su miserable envidia que le recomió todo su ser.
Silvera, la joven cortesana rica de Moscú, pasó a convertirse con los años en la mujer preferida del Zar que por aquellos años gobernaba toda la comunidad.
Para ella todo era felicidad y gozo junto a su futuro marido pero un día la pesadilla volvió a repetirse... Silvera estaba embarazada, y era un embarazo de alto riesgo porque venían tres criaturas a la vez.
Lejos de ser algo bendecido por el señor, les pareció una aberración pues se pretendía que la señora diera a luz al primogénito del Zar con el fin de seguir la estela de sus antepasados, pero al ser un parto múltiple y encima de hembras, seria una desgracia y un escándalo que no podría trascender mas allá de las fronteras de la corona y no se podía permitir.
En una noche tormentosa, se escuchaban gritos cada vez más acelerados, y la gente de palacio se agitaba más aun, corriendo con toallas y cubas de un lado para otro, intentando paliar el dolor que tanto le producía el ir sacando a cada ser de su propio ser, ajena a que esa seria la última vez que vería a sus criaturas cerca de ella.
Una vez que las tres niñas dieron su primer aliento de vida, fueron preparadas y un señor con bata blanca se las llevo... pese a los gritos de Silveria que quería verlas por ultima vez... a lo que se hizo caso omiso y desaparecieron con él.

Años después, en una colina no muy lejana estaba un pastor con su hermosa hija pastoreando sus ovejas y sus vacas... las pocas que podía tener con su miserable sueldo que apenas le daba para comer a él y a su hija. Su mujer murió de escorbuto, una terrible enfermedad, y no pudieron hacer nada por ella y desde entonces, como solía pasar siempre, la hija era la que se hacía cargo de todo.
Se llamaba María, un nombre bastante europeo para ser rusa, pero es que su padre amaba la cultura de aquel país... y sus mujeres también.
La chica tenia una mirada melancólica, como si le faltase saber algo de su vida pero que jamás nadie le dijo por miedo. Era bastante guapa y alta, con mejillas sonrosadas que daban la sensación de que a veces si se reía, se le ponían dos naranjas en cada mofletillo.
Una noche después de dar de comer a las vacas y de cenar a su padre, se retiró a sus aposentos y se sentó en la cama mirando hacia la ventana... y con esa mirada perdida hacia el horizonte de la colina, el dios del sueño comenzó a llamarla y se fue quedando dormida.
Estaba como en una habitación toda llena de mármol y justo enfrente había un pequeño atril de donde sobresalía la silueta de un señor con un traje bastante brillante. Levantó la mirada hacia la chica y le invitó a que se acercara. Ella muy confusa hizo lo que éste le ordenó y mirándola fijamente le dijo: eres igual que tu madre, y debes saber que tu, junto con tus dos hermanas, llegaréis a gobernar esta nación... reúnete con ellas en la posada Reig en Moscú... no lo olvides.
En ese momento, sudada, se despertó muy desorientada y con cara de no entender que pasaba aunque con un poco de felicidad porque había algo en ella que le decía que existía algo más que quería saber y por tanto debía ir al lugar citado.

A 40 kms de la comarca, cercano al camino de piedra que llevaba hasta Moscú, existía una posada donde la mayoría de los viandantes encontraba descanso de cualquier tipo y a cualquier precio... era una tasca de putas.
Entre estas mujeres lozanas y de poca moral, se encontraba una que era la peor de todas, la que se creía la dueña del cotarro y que cuando llegaba carne fresca en forma de mujer a trabajar, se lo ponía, muy pero muy difícil, tanto así que la mujer terminaba yéndose despavorida del lugar para gozo de Trinity.
Los deseos más perversos, lascibos y sexuales de cualquier hombre, de cualquier índole moral o inmoral, se hacían realidad tras el trabajado cuerpo de esta mujer.
Era la típica que adoraba el dinero fácil y le importaba muy poco bajar a los infiernos con un señor para así conseguirlo, como hacerlo subir hasta el infinito y más allá por la misma razón. Su niñez fue una novela de terror y de pena, lo que la hizo desembocar en un lugar así, lo cual para ella llegó a ser una bendición si lo comparaba con las temibles palizas que le propinaba su dueño. De ahí que su carácter se le endureciera hasta el punto de ser una bomba a punto de estallar con el mínimo desdén que se encontrara sobre su persona.
Una noche, un cliente se le puso un poco pesado y no tuvo más remedio que sacar sus armas para poder defenderse de las brutalidad que éste pretendía hacerla.
Sin mediar palabra, ella cogió una vara de roble que tenían detrás del lavabo y sin más preámbulos le comenzó a dar al señor mamporrazos hasta partirle los últimos seis dientes que le quedaba en la dentadura superior... que por cierto, eran de oro.
Eso fue motivo de despido para Trinity, que no opuso resistencia siempre que le pagaran sus honorarios, una miseria, pero no quería que nadie jugara con el dinero que le podría quitar de una noche de frío.
Y así salio, caminando en la oscuridad hasta llegar a un pequeño banco de madera donde el cansancio le pudo y se quedo dormida bajo un árbol. De pronto al cerrar los ojos vió como el árbol que la cobijaba le comienza a hablar y a decirla que no había mal que por bien no venga, puesto que ella pronto podría ser mucho más de lo que era ahora, que debía seguir el camino correcto y buscar a sus hermanas en la posada de Reig en Moscú. Poco después se despertó de nuevo y con una sonrisa entrecortada se quedó pensando porque habría soñado tal cosa.

La casa señorial de los Shyreik estaba de celebración puesto que una de sus hijas, la más culta, bondadosa, leal, fiel, comprometida con la vida y con el mundo, se iba a desposar con el hijo del alcalde de la zona... todo un acontecimiento.
Uskashy era también bastante tímida, y desde muy pequeña, sus padres se encargarón de que fuera una chica estudiosa, que se relacionase con las altas alcurnias de la nobleza rusa y con todo lo que para ella, según sus padres, le haria florecer más temprano que tarde.
Ella por el contrario, quería ser mucho más aventurera, viajar, conocer mundo, no hacer siempre lo que se suponía que se debía hacer y por tanto rebelarse contra el sistema y sobre todo contra sus padres, que esperaban de ella la hija modélica que nunca querría ser.
Una noche, después de una fuerte discusión con ellos, salió despavorida de la casa corriendo, de tal modo que tropezó contra una piedra y cayó a un hoyo bastante profundo.
Quedo inconsciente por unos minutos... lo suficiente como para divisar una pequeña estela de luz que emitía sonidos un tanto extraños y de los que se podia desdibujar una frase: reúnete con tus hermanas en la posada del Reig en Moscú.
A los dos segundos volvió en si, un poco magullada de la caída y se dirigía para casa, pero algo le corto el trayecto. Torcio su cuerpo y con paso ligero corrió rumbo a Moscú.

Una enorme y fria ciudad hizo que cada una de ellas, sin saber como y porque, terminasen sentadas juntas en una escalera alumbradas solamente por una farola que despedía una luz tenue.
En ese momento nadie se miró, nadie se habló, ni tan siquiera hubo gestos de complicidad ni de asombro por saber que hacian alli en realidad y quiénes eran cada una.
De momento, se apagó la luz y un aire frío y desolador irrumpió en aquella escalera ennegrecida por el tiempo, y después de una pequeña explosión de luz, aparecio lo que parecia la silueta de una señora bastante anciana, casi ancestral, subida a una silla de ruedas y con el pelo cano.
Se dirigió a las chicas que estaban bastante asombradas y lo único que pronunció antes de desaparecer fue la palabra. MATRIUSKAS¡¡¡¡¡
De nuevo se hizo la oscuridad, y esta vez las miradas de las hermanas se fueron regalando por todo el perímetro en donde se encontraban cada una, hasta que por fín Maria, en un alarde de sabiduría les pregunto a las dos chicas: como os llamais?, a lo que ellas respondieron sus respectivos nombres y de momento se le encendió la mirada feliz y radiante a aquella mujer, cuando al unir las primeras sílabas de sus nombres, formaban la palabra que la señora con aspecto viejo habia pronunciado.
-Claro, Ma (Marias) tri (Trinity) uskas (Uskasy), es decir, que nuestros nombres estan unidos para siempre, somos hermanas¡¡¡¡¡ y el destino,el más allá y seguramente nuestra madre han querido que después de los años nos volvamos a reencontrar y ocupar nuestro lugar.

Y así fue, antaño sus caminos fueron diferentes a la fuerza, pero la vida hizo que volvieran a reencontrarse con su pasado, un pasado que fue tumultuoso pero que se abría ante ellas un camino futuro muy grato, en el que jamás se separarían... como dice sus nombres Matriuskas... tres muñecas que no pueden faltarse una a la otra porque si asi fuera... la figura, perdería su encanto.